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El cobre es esencial en una dieta sana y equilibrada

Uno de los principales oligoelementos en una dieta sana es el cobre, aunque a veces sus beneficios pasen desapercibidos para muchos. Sin embargo, el cobre es esencial para gozar de buena salud y contribuye a mejorar, entre otros, el funcionamiento del corazón, el cerebro y los sistemas nervioso e inmunológico.

Incorporar el cobre a nuestra alimentación no es una tarea difícil, ya que está presente en muchos de los productos que conforman una dieta equilibrada para personas de cualquier edad: frutas, verduras, legumbres, cereales, marisco o nueces. Incluso también lo podemos encontrar en alguno de esos “caprichos” que, en pequeñas dosis, nos permitimos de vez en cuando, como el chocolate.

Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo recomendado de cobre diario varía en función de la edad: desde el miligramo aconsejado para los niños, pasando por el miligramo y medio de una mujer adulta, a los 2 miligramos de los hombres adultos y las mujeres embarazadas. En este sentido, el Instituto Europeo del Cobre aporta 5 razones por las que la ingesta cotidiana de cobre de las cantidades recomendadas por la Organización Mundial de la salud supone múltiples beneficios a nuestro organismo:

Energía y fuerza para el motor del cuerpo

Tanto el sistema circulatorio como el corazón requieren de una aportación de cobre para llevar a cabo sus funciones correctamente y evitar enfermedades como la anemia, las arritmias o el exceso de colesterol en sangre. El corazón es un músculo y como tal, se beneficia de las propiedades del cobre como elemento que favorece el tono y la función muscular.

Además, el cobre que ingerimos actúa sobre la lisil-oxidasa, una enzima que es básica para la formación de los componentes de las paredes de los vasos sanguíneos, como pueden ser la arteria coronaria o la aorta. El cobre contribuye de esta manera a mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos, además de prevenir arritmias y problemas de coagulación que pueden desembocar en la generación de trombos.

Existe un efecto beneficioso más hacia el sistema vascular del cobre, ya que favorece tanto la formación de glóbulos rojos en la sangre como la trasformación del hierro en ácido férrico y al transporte del hierro a través de los vasos sanguíneos. Así, el cobre se convierte en un elemento fundamental para prevenir anemias.

Por otro lado, el cobre influye también en la correcta metabolización del colesterol: aquellos adultos que tienen una dieta baja en cobre incrementan sus niveles de LDL (el “colesterol malo”) y reducen los niveles de HDL (el “colesterol bueno”).

Formación y mantenimiento de huesos, dientes y cartílagos

En la formación del esqueleto y de los cartílagos, el cobre desempeña un papel muy relevante. Asimismo, este oligoelemento previene la aparición de la osteoporosis, además de otras enfermedades como la artritis reumatoide. En lo que se refiere a los cartílagos, el cobre favorece la regeneración de los mismos, previene el riesgo de desgaste y reduce el periodo de recuperación a la hora de hacer ejercicio.

Con las ideas claras

El cobre es necesario para la formación y el mantenimiento de la mielina, la membrana protectora que cubre las neuronas. Asimismo, el cobre desempeña un papel fundamental en la creación de los neurotransmisores, que son los mensajeros químicos que facilitan la comunicación entre las células nerviosas.

Escudo protector contra los virus y efecto antiox

El sistema inmunológico se nutre del cobre para desarrollar alguna de sus funciones. En concreto, una carencia de cobre puede afectar a la formación de glóbulos blancos, que forman parte de este sistema inmunitario al eliminar los cuerpos extraños de nuestro organismo. También se ha relacionado la falta de cobre con las infecciones respiratorias en adolescentes.

Por otra parte, el cobre sirve de antioxidante, al contribuir a neutralizar los radicales libres, causantes del envejecimiento de las células. Por ello, tomar suplementos de cobre ayuda a combatir los procesos de oxidación celular.

Piel radiante y pelo sin canas

El colágeno y la elastina proporcionan resistencia y elasticidad a la piel, respectivamente. Una dieta rica en cobre potencia la producción de estos dos elementos y también de la melanina, responsable, además de nuestro tono de piel, de la coloración del cabello. Por ello, la ingesta regular de cobre previene la aparición de las canas y las arrugas, al aumentar la firmeza de la piel.
 
Asimismo, las cremas de belleza de uso tópico que contienen péptidos de cobre son las mejores aliadas para tonificar la piel, mejorar su elasticidad, eliminar marcas de acné, curar quemaduras o mejorar la cicatrización de las heridas.